EDROD
14 de agosto, 2022.
Orlando Ocampo, cuya enorme estructura física y descomunal poder al bate le permitieron hacer historia con los Indios del Bóer en la década de los años noventa, falleció el domingo debido a complicaciones renales vinculadas con la diabetes. Tenía 60 años de edad.
Nacido en El Tamarindo, León, el 26 de enero de 1962, Ocampón, como se le conocía entre los fanáticos, formó con Nemesio Porras, Ramón Padilla y Freddy García, entre otros, una de las más temibles alineaciones que han desfilado por el beisbol de Primera División.

Aunque silencioso y huraño para conversar con la prensa, pero sencillo y humilde, Orlando hizo ruido con su bate, al extremo de retirarse en 2002, después de 16 temporadas, con un promedio de .327, con 152 cuadrangulares y 740 carreras empujadas en 1040 juegos.
Hizo su debut en 1987 con los Cachorros de Las Segovias luego de no encontrar espacio en los Leones. Y terminó como el Novato del Año, al registrar .298, con cinco toletazos y 31 remolques en 65 juegos. En los dos años siguientes bateó .344 y .310 respectivamente.
En 1990, Ocampo aterrizó en el Bóer a cambio de Apolinar Cruz, leyenda norteña que iba en descenso. Orlando en cambio, iba hacia arriba y tras batear .342 con nueve jonrones y 57 empujadas aquel año, saltó a .354, 25 cuadrangulares y 92 empujadas en 1991 con el Bóer.
Un años después, mientras el Bóer se volvía uno de los clubes más dominantes del beisbol nacional, Ocampón terminó con .351, 24 tablazos y 95 remolques, haciendo estragos junto a Sandy Moreno, Nemesio, Freddy García, Jorge Luis Avellán y Ramón Padilla.
Orlando nunca se sintió atraído por la Selección Nacional, la que integró dos veces para una gira por Estados Unidos y otra por Holanda. “No me gusta estar en la Selección, siento que es aburrido. Me gusta el estadio lleno de fanáticos. Me gusta jugar en el Bóer”, confesó.
Siempre recordaba con orgullo su jonrón contra el San Fernando en la Final de 1995, año en el cual el Bóer ganó el primero de tres títulos con Ocampo en el line up. La diabetes lo fue deteriorando al extremo que ya necesitaba hemodiálisis y su final llegó ahora.
La última vez que lo vi, recuerdo que publiqué. Orlando Ocampo, un gigante que se oxida poco a poco. Indicó que había días en los que no se podía levantar de la cama y que los brazos ya no lo ayudaban mucho en sus actividades habituales.
“La diabetes y el ácido úrico me tienen fregado. Los brazos no me sirven de mucho. Hay días en los que no me levanto de la cama, pero ahí vamos haciendo el esfuerzo. Al menos el apetito no lo he perdido y mientras uno puede comer, puede vivir”, dijo con una carcajada.
Pero ahora Ocampo se ha ido, aunque el recuerdo de su potencia al bate y la humildad que le permitía mantenerse alejado de los reflectores, permanecerán por siempre en el corazón de los fanáticos, quienes vibraron al ritmo de su bateo frenético y esa sencillez admirable.
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